- Parte de la concepción de que sólo el ambiente real es verdaderamente real, por lo cual se realiza generalmente en espacios abiertos, ya sea en la naturaleza virgen o en la ciudad.
- Usa la naturaleza de forma metafórica, como metáfora de lo efímero de la vida o del cambio, entre otras.
- Por ende, trata de demarcar los procesos de erosión y cómo el ambiente afecta al objeto, siendo entonces el factor tiempo uno de sus condicionantes básicos.
- Utiliza, generalmente, materiales efímeros, siendo un arte de naturaleza procesual.
- Supone una competencia entre la acción del hombre y la de la naturaleza, siendo esta última superior, puesto que condiciona a la obra.
- En general, son dadas a conocer al público a través de medios documentales como el film o la fotografia.
Si bien el land-art no se reduce a lo mencionado, es lo suficiente para nuestros fines. Ya dentro de la problemática a tratar, explica Omar Calabresse en su obra La era neobarroca que la sociedad postmoderna posee un gusto particular por lo monstruoso e informe. Dentro de estas formas monstruosas, además de aquellas que no tienen referente alguno en los objetos reales, existen aquellas capaces de producir significados a través del movimiento, movimiento resultante de una forma en constante cambio.
A su vez, el mismo autor nos introduce en lo que es la ‘teoría de las catástrofes’, cuya premisa es, en sus propias palabras, que:
Cualquier fenómeno posee una morfología estructural interna; esta morfología es estable por el simple motivo de que, variándola sólo un poco, el fenómeno permanece el mismo; sin embargo, en primer lugar, existen fenómenos que no son en absoluto estables y, en segundo lugar, también morfologías estables que están sujetas a transformación, es decir, sufren mutaciones en su duración. (O. Calabresse. p.127)
Dentro de estos fenómenos existen también morfologías que propiamente no son formas, sino entidades en busca de su propia forma: “las formas informes (O.Calabresse. p.129); y éstas son informes, generalmente, por el hecho de no tener un atrayente estable; es decir, sólo a través de la acción o atracción de una forma estable, esta forma informe puede adquirir una forma.
Entre estos fenómenos podemos encontrar al elemento agua, el cual, hallado en la naturaleza en estado sólido, líquido o gaseoso, y manifestandose fluyendo, en reposo, brotando, etc., obtiene su forma dependiendo de las formas estables a su alrededor. La informalidad de este líquido, su movilidad y su resistencia a ser comprimida se explica en la desequilibrada composición de su película cristalina, en la cual los átomos y moléculas se deslizan unos respecto a los otros debido a la variación térmica. Este desequilibrio la hace forma informe, propensa al cambio y a la metamorfósis.
El líquido, por su aptitud para el 'transformismo', se presta fácilmente a evolucionar en función de los cambios que se desarrollan con el transcurso del tiempo, además de tener una gran sensibilidad a la acción de cualquier fuerza externa sobre él. En este sentido, dentro del land-art el agua puede constituirse, primeramente, como el elemento transformado. Un ejemplo de ello es la obra “Ice ball” de Andy Goldsworthy. Una bola conformada por trozos de agua en estado sólido, destinados a sufrir metamorfósis debido a la acción térmica y perderse en la naturaleza en su estado líquido.
Por otro lado, el agua puede servir como el elemento transformador del espacio. Recordemos que éste no sólo produce la erosión de las formas estables que la rodeen o contengan, sino que, en su estado natural, sus diferentes minerales, como puede ser la sal, generan también cambios en el objeto. Un ejemplo de ello es el famoso “Monumental Spiral Jetty” de Robert Smithson, instalado en el Gran Lago de Sal en Utah, una obra íntimamente conectada a los cambios climáticos y fenómenos naturales que allí se dan.

Otro ejemplo es el “Underwater Sculpture Park” de Jason de Caires Taylor, en la isla de Granada. Se trata de un número de esculturas instaladas bajo el agua, pero lo suficientemente cerca de la superficie para ser vistas por los Snorklers y buzos; empero, su destino es degenerarse, deformarse y acumular plantas vivas, creándose así arrecifes artificiales.
Imagen tomada de: http://static.atlasobscura.com
En estas dos últimas obras es especialmente notable que el land-art posee, en la mayoría de los casos, un profundo carácter de protesta, aunque sus medios puedan ser fácilmente cuestionables. A través de sus obras, los artistas del land-art cuestionan, no sólo los canales institucionalizados como los museos, sino también la vida de la sociedad consumista, resaltando la importancia de la naturaleza y subrayando la necesidad de proteger y entender el mundo natural.
BIBLIOGRAFÍA CITADA:
CALABRESSE, Omar. La era neobarroca. Editorial Cátedra. Madrid, 1990.